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Representantes municipales y cursus honorum o ¿y si los alcaldes nos gobernaran?

By 30 septiembre, 2020No Comments

Los relevos que hace unas semanas se produjeron en puestos clave del principal partido de la oposición tienen seguramente muchas lecturas, incluyendo la de que los dos nuevos portavoces coinciden en ser o haber sido alcaldes. Además, en el resto de la cúpula política de esta formación y también en la que nutre el gobierno de la nación abundan experiencias en política local. Secretarios de organización o ministros han pasado por puestos de representación municipal, en ocasiones por el máximo puesto de representación, la alcaldía.

Un repaso por las asambleas autonómicas nos llevaría a identificar también un nutrido grupo de representantes municipales en ellas. En una cata a vuelapluma computamos un 49% de los parlamentarios extremeños (10 de ellos alcaldes); un 32% de los parlamentarios madrileños (7 alcaldes); un 32% de los parlamentarios castellano-leoneses (13 alcaldes); un 31% de los canarios (9 alcaldes); o un 38% de los gallegos (5 alcaldes). Es decir, entre un tercio y la mitad de los representantes autonómicos provienen del mundo local, demostrándose así la existencia de cierto cursus honorum en la política española.

De entre los valores que se atribuyen a las democracias locales está el de ser el arranque de carreras políticas de muchos representantes. La literatura sobre elites políticas se refieren a este nivel de gobierno como el jardín de infancia, la nursery del oficio de la representación. Y esto no es irrelevante para las carreras políticas; las dota de una experiencia y una comprensión de la democracia en su forma más genuina que les acompañará a lo largo de su toda trayectoria representativa. En especial, si han sido alcaldes o concejales ejecutivos, han estado al frente de la gestión, han tocado los problemas en la proximidad, recibido de primera mano las demandas ciudadanas y visto cómo a una decisión le siguen rápidamente unos resultados.

Benjamin Barber, reputado autor en teoría política, concluyó su carrera con una obra de título “Si los alcaldes gobernaran el mundo: naciones disfuncionales, ciudades emergentes”. En su visión, las ciudades están en mejor posición que los Estados para afrontar los problemas actuales. Por ellas pasan los principales fenómenos sociales (insostenibilidad, emergencia social, crisis migratorias, etc.) y las innovaciones políticas (participación, e-government, etc.). Son abiertas y multiculturales y están acostumbradas a establecer redes y a trabajar colaborativamente. Su defensa de lo local se extiende también a sus líderes, a los que ve pragmáticos, menos ideologizados y mejor entrenados en solucionar problemas. Su convencimiento es tal que le lleva a proponer, provocadoramente, una asamblea mundial de alcaldes para gobernar el mundo.

Algunas de estas bondades de lo local las hemos visto recientemente en la gestión de la pandemia COVID. Como se analiza en otro post, desde los municipios se ha actuado con una celeridad notable y una precisión casi quirúrgica, dando una respuesta adaptada a cada contexto y en cada momento; diseñando estrategias variadas pegadas al territorio y sus necesidades, interviniendo allí donde detectaban las necesidades más acuciantes de la población. No han sido los actores clave en la gestión de la pandemia porque no lo podrían ser dadas las limitadas competencias que el modelo de descentralización atribuye a los gobiernos locales. Pero han ofrecido un buen ejemplo de cómo solucionar problemas. Además, en los aspectos del proceso o competición política (el politics), han ofrecido un panorama mucho más edificante que el de la política nacional. El trabajo en común entre las diferentes fuerzas políticas y los acuerdos por unanimidad en plenos municipales han proliferado, en contraposición a la polarización que observamos en el nivel estatal.

De modo que, sí: ¿y si los alcaldes y las alcaldesas nos gobernaran?

Carmen Navarro Gómez

Profesora del Departamento de Ciencia Política de la UAM

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